En Argentina, desde principios del siglo XX
—e incluso desde algunos años previos— comenzaron a institucionalizarse los
profesorados universitarios en filosofía. Según la época y la universidad
considerada, es posible identificar una diversidad de configuraciones:
profesorados generales con especializaciones en filosofía, carreras de
educación con orientación filosófica, profesorados combinados con otras disciplinas
(como las ciencias de la educación) y, posteriormente, carreras específicas de
Profesorado en Filosofía, cuyas denominaciones se asemejan a las vigentes en la
actualidad. Más allá de las líneas teóricas y pedagógicas propias de cada
momento histórico —que incidieron tanto en el diseño curricular como en la
estructuración del área formativa— puede identificarse un proceso de
transformación significativo de la didáctica: desde la incorporación única de
didácticas generales ligadas a las ciencias de la educación hacia la paulatina
inclusión de didácticas específicas de la filosofía, a cargo de docentes de la
propia comunidad filosófica. Este desplazamiento comienza a gestarse hacia
mediados de la década de 1980, con la reapertura democrática y los procesos de
reconstrucción universitaria, marcados por la reforma de planes de estudio y la
renovación de cátedras. En el caso particular de la didáctica de la filosofía,
estos cambios se afianzan gradualmente a partir de la década de 1990, y algunos
de los debates inaugurados entonces siguen teniendo resonancia en el presente.
Por ello, he considerado necesario estudiar
el campo de la Enseñanza de la Filosofía no solo como un dominio investigativo,
sino también incluir en este trabajo la actualidad de las Didácticas
Específicas de las universidades, ya que, por su carácter histórico,
constituyen actores fundamentales en el desarrollo y la expansión de las ideas
y prácticas que caracterizan el campo en cuestión.
Al momento de la redacción de este trabajo,
encontramos veinte universidades públicas nacionales que ofrecen la Carrera de
Profesorado en Filosofía (o denominaciones similares): UADER (Universidad
Autónoma de Entre Ríos), UBA (Universidad de Buenos Aires), UNC (Universidad
Nacional de Córdoba), UNCa (Universidad Nacional de Catamarca), UNComa
(Universidad Nacional del Comahue), UNCuyo (Universidad Nacional de Cuyo), UNGS
(Universidad Nacional de General Sarmiento), UNIPE (Universidad Pedagógica
Nacional), UNJu (Universidad Nacional de Jujuy), UNL (Universidad Nacional del
Litoral), UNLP (Universidad Nacional de La Plata), UNMdP (Universidad Nacional
de Mar del Plata), UNNE (Universidad Nacional del Nordeste), UNR (Universidad
Nacional de Rosario), UNRC (Universidad Nacional de Río Cuarto), UNS (Universidad
Nacional del Sur), UNSa (Universidad Nacional de Salta), UNSAM (Universidad
Nacional de San Martín), UNSJ (Universidad Nacional de San Juan) y UNT
(Universidad Nacional de Tucumán). Con respecto a sus ubicaciones, aunque se ha
logrado una amplia federalización y una extensa cobertura geográfica, estas
instituciones alcanzan a la mitad de las provincias que componen el territorio
nacional, y el 25% de ellas pertenece a la Región Metropolitana de Buenos Aires
(RMBA).
El Departamento de Información Universitaria
(DIU), dependiente de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU), provee
información sobre egresados de los profesorados de filosofía a partir del año
1983. Según estos datos, la UBA concentra la mayor cantidad de graduados en
cada año respecto de las demás instituciones que en ese momento ofrecían la
carrera (figura 1: la línea naranja representa a la UBA). Con excepción de la
Universidad de Buenos Aires, que sus indicadores cuadriplican al resto, las
demás instituciones arrojan datos relativamente similares entre sí, con menos
de veinte egresados anuales y con un promedio inferior a los diez titulados por
año. Siguen a la UBA, respecto del promedio de egresados del "Profesorado
en Filosofía" desde el año 2011, la UNC, la UNGS, la UNLP y la UNCa (aunque
esta última incluye datos de graduados de la denominación anterior, a saber, el
"Profesorado en Filosofía y Ciencias de la Educación").
Fuente: elaboración propia a partir de datos del DIU-SPU
En todos los planes de estudio de las
universidades consideradas, encontramos una asignatura dedicada a la Didáctica
de la Filosofía[1]
. He podido hallar y analizar los programas[2] actuales
de cada una de esas materias[3] . El
trabajo sobre documentos institucionales tiene considerables limitaciones. En
modo alguno, el estudio de los programas, por sí mismo, puede ofrecer una
caracterización de la labor de los equipos docentes del área en cuestión. Tampoco
podemos concluir que los contenidos y los diversos enfoques filosóficos,
políticos y pedagógicos incluidos en los documentos reflejan las posiciones de
las cátedras, porque justamente su presencia indica simplemente que van a ser
objeto de transmisión o de problematización en un proceso de enseñanza.
Asimismo, encontramos que es difícil constatar si este tipo de documentos
constituyen la expresión de un compromiso y de una auténtica propuesta
destinada a los estudiantes del curso o un mero diseño procedimental para
cumplir con las demandas institucionales. Esto puede deducirse, especialmente,
de la presencia de "copy/paste" de expresiones idénticas entre
algunos programas analíticos, réplicas de partes de secciones que coinciden en
dos o más documentos, cuya coherencia interna, en algunos casos, se nota
inconcusamente alterada. Más allá de todas estas limitaciones, he decidido
avanzar en el estudio de los programas con el objetivo de iniciar al menos un
análisis exploratorio que pueda aportar a una caracterización del campo de la
"Enseñanza de la Filosofía" en Argentina.
Esta exploración preliminar no busca
elaborar una descripción pormenorizada del contenido de los documentos ni
pretende ceñirse a la organización estructural de un programa analítico. Por el
contrario, tiene la intención de desarrollar una reflexión filosófica a partir
de algunas ideas surgidas de la interpretación de las disposiciones discursivas
presentes en los textos, con el objetivo de intentar reconstruir diversas
categorías y conceptos que puedan llegar a generar contribuciones
controversiales en la forma de caracterizar la actualidad del campo. Por tanto,
las conclusiones del presente trabajo no pretenden ser el mero reflejo de los
elementos hallados en el corpus de documentos. En contraste, estos programas
son interpretados como un insumo, entre otros, para la elaboración de ciertas
categorías teóricas que constituyan un desacuerdo, creativo e interrogativo,
con las formas vigentes de observar el objeto en cuestión.
Un diálogo filosófico con los documentos
Enfoques y tendencias sobre Didáctica de la Filosofía
Con relación a lo expuesto previamente sobre
la historización de las didácticas de la filosofía en Argentina, podemos
identificar un paradigma "tradicional", construido principalmente
desde la pedagogía y con un carácter eminentemente metodológico o técnico, que
circunscribe la filosofía a un contenido disciplinar y que le atribuye a la
didáctica una serie de temas y problemas dedicados a su transmisión. Este
paradigma no es inexistente en los programas analizados, pero su presencia
respecto del conjunto de los documentos es marginal. Cuando analizamos el
enraizamiento del código (tradicional) que refiere a una concepción de
didáctica de la filosofía más ligada a las cuestiones metodológicas/pedagógicas,
notamos que existe una reiterada presencia en solo dos (de los dieciocho)
programas abordados y una existencia menor en un tercer caso. La consideración
de una categoría tradicional del enfoque didáctico es revalidada en los documentos
por fundamentaciones, objetivos y bibliografía común a las didácticas
generales. No obstante, existen casos en que emergen algunas expresiones
vinculadas al paradigma "tradicional" en documentos que presentan
mayores características de otros enfoques. Esta coexistencia en algunos casos
es natural, ya que algunos aspectos de las diversas perspectivas no son
categóricamente antagónicos. Sin embargo, hay algunos elementos que evidencian
mayor contradicción (por caso, la consideración de lo que es la filosofía,
aquello que se considera enseñable, los fines de la educación, etc.). Los
documentos en los que aparecen co-ocurrencias de enfoques sobre elementos
antagónicos, son los que evidencian mayor falta de coherencia interna (por
ejemplo, se fundamenta desde un enfoque y se trazan objetivos claramente
ligados a otro). Esto sucede en la menor cantidad de casos analizados, pero en
los que ocurre puede notarse menor "autoría", más presencia de
fragmentos réplica de otros programas, e inexistencia de material de producción
propia en la bibliografía.
Si bien existen menciones muy aisladas a
otras didácticas, como es el caso de la "didáctica situada" o de la
"didáctica decolonial", la gran mayoría de los programas se
autoidentifica dentro del enfoque de Didáctica de la Filosofía como Problema
Filosófico. Esto, en principio, sería un indicador de la hipótesis más
extendida en la actualidad del campo de la enseñanza de la filosofía: hacia
finales del siglo XX, se produce un quiebre respecto del modelo tradicional para
dar lugar a un nuevo paradigma que aboga por la especificidad filosófica del
problema de su enseñanza (Agratti, 2008). El análisis del corpus considerado en
este trabajo podría ofrecernos algunas señales para empezar a pensar una
modificación de esa hipótesis. ¿Vivimos en un nuevo paradigma o, más bien,
habitamos un intersticio de transición hacia otra concepción de didáctica aún
inacabada? ¿La perspectiva de la Didáctica de la Filosofía como Problema
Filosófico (DFcPF) en tanto paradigma establecido puede estar sesgada por una
visión parcial (federal, generacional e institucional) de la situación de
enseñanza de la filosofía? ¿El paradigma DFcPF, que constatamos se impuso en
casi la totalidad de universidades públicas del país, lo hizo de hecho a través
de sus fundamentos elementales o resultó expandirse equívocamente a través de
una pluralidad de mecanismos ligados a los poderes institucionales, a la
tradición académica o a la mera cantidad de titulaciones? En la medida que se
encuentren mayores derivaciones de sentidos respecto a lo que significa que la
enseñanza de la filosofía "sea" un problema filosófico, la hipótesis
que sostiene que el cambio de paradigma ya aconteció merecería ciertas
revisiones. Mientras que la omnipresencia de la DFcPF indicaría un cambio de
paradigma, su polisemia podría revelar el carácter transicional de nuestra
época.
Evidentemente, los espacios dedicados a la
enseñanza de la filosofía fueron ocupados, en mayor medida, por docentes con
formación filosófica. Pero si la DFcPF no se considera simplemente desde un
punto de vista corporativo y si, además, se tienen en cuenta el proceso
histórico de otras didácticas específicas extrafilosóficas, entonces la
especialidad de los docentes/investigadores no constituye ningún indicador de un
cambio de paradigma. Esta presunción o conjetura respecto de la hipótesis de
"cambio de paradigma" no significa, en modo alguno, mitigar el
trabajo de aquellos que, en aquel momento y contra el curso hegemónico de las
cosas, se dedicaron a desplegar el ejercicio filosófico sobre los problemas y
las prácticas de enseñanza de la filosofía. Por el contrario, la conjetura que
abre la duda sobre el paradigma-acontecido o el paradigma-en-proceso busca
pensar, en la actualidad, qué aspectos de la DFcPF tienen mayor alcance y qué
otras características pueden volver a reconvertirse en una continuidad respecto
del orden didáctico anterior, qué aspectos han logrado una mayor profundización
filosófica y qué elementos han generado mayor resistencia en las nuevas generaciones.
En este sentido, este incipiente estudio
sobre las didácticas nos plantea un interrogante fundamental: ¿en qué sentido
la enseñanza de la filosofía es un "problema filosófico"? ¿Qué
significa, en última instancia, que la enseñanza de la filosofía deba asumirse
como un problema filosófico? En la mayoría de los casos, las respuestas a esas
preguntas pueden asumir posiciones muy distantes entre sí. Si bien en la
práctica discursiva del campo podemos encontrar significaciones muy variadas,
con una gran complejidad al momento de tener que establecer relaciones entre
ellas, propongo a modo de insumo analítico crear al menos dos grandes
tendencias de la DFcPF: la restringida y la ilimitada.
La primera versión, la restringida, es una
tendencia negociadora. La enseñanza de la filosofía es un problema filosófico
en la medida que el ejercicio del filosofar encuentre su límite en ciertas
caracterizaciones de la enseñanza real. Este ideario asume que el sentido mismo
de existencia de la didáctica de la filosofía radica mayoritariamente en la
forma-escolar actual (esto es, la escuela estatal y la lógica del triángulo
pedagógico). Si lo filosófico del paradigma DFcPF sobrepasa esos límites al
intentar una crítica radical contra los fundamentos de la enseñanza vigente o
contra la lógica que la sustenta, ella está dispuesta a programar ciertos
límites recuperando el predominio de algunos elementos tradicionales, tales
como las técnicas de planificación de clases, la elaboración de recursos
didácticos, el análisis de los sujetos educativos, las psicologías del
aprendizaje, etc. Esta posición se asume, antes que como filosófica, como
institucionalista, destacando el rol del funcionario-docente, de los diseños
curriculares y de las normativas gubernamentales. La trial-version de la
DFcPF está frecuentemente asociada a una coherencia teleológica, es decir, a
una concordancia entre la filosofía y los fines escolares, como por ejemplo, la
democracia. Y en ese sentido, interpreta muy frecuentemente a la democracia
como una "forma de gobierno" y a la escuela pública como mediadora de
ese proyecto democrático. Desde esta tendencia, se suele elaborar en reiteradas
oportunidades una crítica respecto de la producción "teórica" sobre
enseñanza de la filosofía. Este juicio contra el aspecto abstracto de las
reflexiones no proviene de una filosofía práctica, sino que tal reprobación se
dirige al carácter "ideal" que adquieren ciertos atributos del
paradigma de DFcPF. Con "ideal" refieren a la distancia existente entre
ese ejercicio presuntamente filosófico y la realidad concreta de las
condiciones actuales de la enseñanza de la filosofía. Muchas veces estos
"límites" son compartidos (y demandados) por los propios estudiantes
de las didácticas, futuros docentes de filosofía, y obedecen a las inmediatas
condiciones de trabajo del profesor. En resumen, esa dimensión del filosofar
que, replegada contra su propia enseñanza, avanza contra un fragmento del mundo
tal-cual-es (la escuela, sus relaciones y sus lógicas) debe encontrar un límite
para que el propio espacio de didáctica específica no termine por
autoincriminarse o no pierda su sentido institucional de existencia. En esta
tendencia, la expresión "Enseñanza de la Filosofía como Problema
Filosófico" asume dos axiomas destacados: a) La enseñanza de la filosofía
es, como toda enseñanza, una disposición de relaciones diferenciadas entre
individuos diversos y es, antes que otra cosa, una transmisión; b) El
ejercicio filosófico cuando se aleja de lo posible se acerca al sinsentido y a
la obturación de efectos factuales.
La segunda versión es
la ilimitada. Esta tendencia replica el desborde epistemológico propio de la
filosofía en el terreno de la didáctica. Si se trata de hacer filosofía de la
"enseñanza de la filosofía", entonces, no es posible una versión
restringida por las propias condiciones de enseñanza. Esta perspectiva no niega
estas condiciones, sino que no subsume una didáctica-filosófica a una
didáctica-de-lo-instituido. Se invierte así la preeminencia del
docente-profesional (o del oficio-docente) respecto del filósofo. Esta falta de
restricción produce la necesidad de ampliar el "objeto" del filosofar
no solo a la didáctica de la filosofía, sino a todos los atributos de la
educación y de la política que participan en ella. Por tanto, a menudo esta
tendencia divaga entre la enseñanza de la filosofía, la filosofía de la
educación y la filosofía política (aunque estos términos, incluso, hayan sido
cuestionados por el propio enfoque de referencia: "filosofía y
educación", "metapolítica", etc.). Esto sucede, como veremos más
adelante, por la necesidad de filosofar sobre la propia lógica escolar, sobre
la relación pedagógica y sobre su vínculo con la estructuración social. Estas
aparentes derivas, propias de la versión ilimitada, son las que pueden ser
interpretadas, desde otros enfoques, como teorizaciones alejadas de la realidad
cotidiana de los profesores de filosofía. No obstante, constituyen por sí
mismas un cuestionamiento de los axiomas de la tendencia restringida: a) La
crítica filosófica sobre su enseñanza no puede detenerse en la pretensión,
ontológicamente totalizante, de un modelo particular de relaciones pedagógicas
y de transmisibilidad de la filosofía; b) El ejercicio filosófico no puede
subordinarse a las urgencias pragmáticas negociadoras de la educación-que-hay o
del mundo-tal-cual-es.
Ahora bien, en la
medida que pueda constatarse alguna tensión entre estas diversas tendencias al
interior de la DFcPF, la hipótesis del paradigma-acontecido sigue en cuestión.
Tal vez, la presencia de esta desavenencia haya sido la que impulsa nuevas
propuestas de didácticas filosóficas que buscan colocarse en los intersticios
de la discordia[4].
Filosofía y Filosofar: ¿contradicción, suplemento o
complemento?
El estudio sobre los
programas arroja también una distinción entre las categorías de
"filosofar" y de "saber-filosófico". Así como puede
hallarse en el corpus analizado un predominio claro de la "Didáctica de la
Filosofía como Problema Filosófico", también puede encontrarse la
prevalencia del código "Filosofar/Actitud-Filosófica". De hecho, esta
categoría de análisis tiene un mayor enraizamiento que la DFcPF en los
documentos. En tal sentido, existe en las fuentes examinadas la presencia de
co-ocurrencias entre "Filosofar" y DFcPF y, por el contrario, no se
encuentran relaciones entre "Filosofar" y los programas con mayor
presencia de una didáctica general más ligada a la metodología integral de la
enseñanza.
Ahora bien, estos
resultados pueden, desde el enfoque del paradigma-acontecido, ser presentados
como indicadores homogéneos. Sin embargo, una mirada que profundice
"filosóficamente" en el plano discursivo, no puede circunscribirse a
un análisis cualitativo de presencia o conteo categorial. Sabemos que la
categoría "Filosofar" tuvo un sentido muy relevante en los momentos
de disrupción paradigmática de la didáctica, ya que constituía la dimensión de
la filosofía que no podía ser homologada a un contenido conceptual similar al
de otras disciplinas. No obstante, tanto las producciones del campo de la
Enseñanza de la Filosofía de las últimas décadas como el corpus de documentos
estudiado arrojan, una vez más, una consecuente ambigüedad.
De este modo,
"Filosofar" puede significar muchas cosas. Como hemos señalado, la
categoría está asociada a la DFcPF, sin embargo, hemos distinguido dos
versiones de ella: la DFcPF-R (que hace alusión a una tendencia R-estringida o
R-eal) y la DFcPF-I (que refiere a una tendencia I-limitada o I-deal). En ambos
casos, el filosofar es valorado positivamente y difiere del saber filosófico
canonizado. A pesar de ello, en la interpretación DFcPF-R, el filosofar puede
asumir un carácter problematizador o creativo de algún filósofo o escuela
filosófica, puede abarcar incluso el ejercicio de reapropiación subjetiva de
los estudiantes, pero no abandona su propiedad de transmisibilidad[5].
Y no renuncia a ello porque, en última instancia, sigue considerándolo como un
contenido, real y mensurable. Además, como mencionamos antes, su cariz
institucionalista hace que la caracterización del filosofar esté mediada por
los diseños curriculares. La perspectiva DFcPF-I, por el contrario, tiende a
reinterpretar al filosofar como algo inmaterial e inconmensurable. Es la puesta
en acto del propio ejercicio de la filosofía sobre el presente. Cuando el
filosofar es de otro o de otro-tiempo, ya no es más "filosofar". Por
tanto, es entendido como una práctica subjetiva (de orden individual o
colectivo) que conserva el atributo de intransmisibilidad.
Es la sutil diferencia entre pensar que el filosofar es aquello que se
transmite entre uno y otros, y considerar que es aquello que solo puede
practicarse junto-con-otros.
Estas divergencias traen
consecuencias sustanciales en las consideraciones que ambas tendencias tienen
respecto de la educación, la enseñanza, el sujeto educativo, etc. Son tensiones
elementales que atañen a los fundamentos mismos de la Enseñanza de la Filosofía
considerada como un problema filosófico.
El sujeto de la enseñanza y la filosofía transescolar
Podría realizarse un
estudio respecto del sujeto de la enseñanza de la filosofía en dos planos
diferenciados: a) el o los sujeto/s que se enuncian en los programas; b) la forma
en que se aborda la temática del sujeto como contenido en los programas. Dado
que los documentos analizados tienen un carácter institucional bien definido,
es muy difícil encontrar elementos que alteren el sistema de relaciones
tradicionales. La mayoría obedece a la distinción de roles propia del triángulo
pedagógico y a categorías tradicionales como "estudiante",
"profesor", "transmisión", etc. No obstante, pueden
hallarse algunas excepciones. Estas excepcionalidades son importantes porque
las formas educativas que asumen las diversas tendencias de DFcPF,
especialmente al considerar diferentes sentidos del "filosofar", son
consecuentes con estos hallazgos singulares. Si la versión DFcPF-I interpreta
que lo sustancial del filosofar es intransmisible, entonces su forma-educativa
requiere la presencia de una reestructuración subjetiva. Esto puede constatarse
cuando aparecen alusiones a un "sujeto colectivo". Pero la expresión
"sujeto colectivo" solo tiene sentido si significa algo más que un
grupo de individuos, es decir, si alude a la disolución de roles y funciones,
por ejemplo, respecto del ejercicio de la transmisión o de la posesión de la
capacidad de filosofar.
En este sentido, la “Didáctica de la filosofía”, no es solo un
espacio curricular donde se adquieren algunas estrategias adecuadas para
escolarizar o academizar los contenidos filosóficos, sino un espacio para
pensar nuestra relación con la filosofía, con la educación y con los otros en
tanto otros que pueden enseñar, aprender y pensar con nosotros. (Programa de la
UNCuyo, 2023)
El sujeto colectivo es
condición de una forma-educativa que hace participar en el ejercicio del
filosofar-intransmisible a quienes desde otra forma-educativa eran considerados
destinatarios de la transmisión del
filosofar. Nosotros y los otros: los que podemos/pueden enseñar, aprender y
pensar, a saber, filosofar. ¿Qué
puede el "nosotros" que antes solo podía el "uno"? ¿Decidir
los contenidos, los autores, las formas de evaluación?
Se deja prevista la posibilidad de que los/as estudiantes
puedan proponer contenidos relacionados con cada unidad. En un mismo sentido,
los/as estudiantes pueden proponer modalidades de evaluación, en acuerdo con el
profesor. (Programa de la UNSJ, 2023)
Si enseñar a
"filosofar" no consiste en la mera transmisión de contenidos
filosóficos, entonces el ejercicio colectivo del filosofar puede infiltrarse,
no sin ironía, en la sección de "contenidos", para tomar como
objetivo el propio modelo transmisivo:
La revisión crítica del concepto de enseñanza, de sus
determinaciones, la explicitación de sus supuestos, su relación con el concepto
de aprendizaje y el rol docente resultan insoslayables a la hora de comenzar
una reflexión sobre la enseñanza de la filosofía.
Pensar la
enseñanza desde el campo de la Filosofía: Algunas miradas críticas al paradigma
tradicional: recuperar la experiencia y el sentido, cuestionar la comprensión.
Otro cuestionamiento a la transmisión: la ignorancia como condición de
posibilidad de la emancipación. (Programa de la UNLP, 2022)
Estas singularidades
halladas en los documentos investigados no revelan nada por sí mismas. Son
simplemente manifestaciones, a veces aisladas, de la presencia de tensiones
polisémicas ocasionadas por múltiples tendencias al interior del paradigma de
la DFcPF. Estas tensiones solidarias a diversas formas-educativas también
pueden manifestarse a través de la presencia o de la ausencia de filosofías
transescolares.
Enseñanzas filosofantes: una perspectiva transescolar. La
filosofía en el marco de la extensión universitaria como función de la
universidad y la coformación como perspectiva de vinculación con otrxs.
(Programa de la UNS, 2024)
Varios programas
contienen expresiones vinculadas con los códigos de "prácticas
filosóficas" y de "filosofía extrainstitucional". Ellas refieren
a un conjunto de "experiencias" filosóficas que, en los documentos,
de una manera o de otra, se vinculan con la didáctica de la filosofía y se les
asigna mayor o menor espacio curricular. De hecho, hay una permeabilidad
manifiesta respecto de estas prácticas filosóficas en muchos espacios de
Didáctica de la Filosofía, llegando a considerar su tratamiento como una
demanda sustancial para la actualidad temática del campo investigativo. Entre
las prácticas aludidas pueden destacarse: la filosofía para/con niñxs, la
divulgación filosófica, las consultorías filosóficas, los cafés filosóficos,
aulas socráticas, integración de comités de bioética, etc.
Todas estas prácticas
pueden, según la lógica que asuma cada una de ellas, estar sometidas o no a una
estructura pedagógica, política o de mercado de orden tradicional. Más allá de
eso, su presencia en programas de didáctica específica puede sumar elementos
argumentativos en la tensión entre tendencias diversas, especialmente entre
aquellas que consideran a la escuela y al formato escolar, aún, como un espacio
privilegiado para la transmisión de la filosofía y aquellas otras que,
impulsadas por la trascendencia de un filosofar practicable, buscan en el afuera de la institución escolar algunas
claves para pensar otra forma-educativa que asuma una nueva enseñanza del
ejercicio práctico de la filosofía.
La distribución de los contenidos
La mayoría de los
contenidos relevados en los programas analizados pueden ser incorporados en
alguno de estos tres grupos:
El primero refiere
específicamente a la filosofía de la "enseñanza de la filosofía". En
este grupo de contenidos es donde se manifiesta el mayor enraizamiento de la
Didáctica de la Filosofía como problema propio del campo filosófico. Comprende cuestiones
denominadas por Obiols (2002) como "de fundamento". Es interesante
interpretar el carácter de fundamento
como aquellos problemas que constituyen los "cimientos teóricos" de
la enseñanza de la filosofía. Esta denominación de "base estructural"
indica que todo lo referido a estas temáticas será determinante respecto de la
interpretación y selección de los otros contenidos y de las otras cuestiones
vinculadas a la didáctica. Es decir, se reconoce que los temas abordados en
esta instancia condicionan los demás grupos temáticos referidos a la enseñanza
de la filosofía. Aquí podemos encontrar las clásicas preguntas sobre la
relación entre la definición de la filosofía y su enseñanza/aprendizaje, por
qué y para qué enseñar/aprender filosofía, qué confiere el estatuto de
"filosófico" a un problema determinado, si es posible y cómo enseñar
la "actitud" de filosofar, qué papel juega la historia de la
filosofía en la enseñanza filosófica, etc.
El segundo grupo de
contenidos hace alusión a la institucionalidad de la enseñanza de la filosofía.
Generalmente, incluye una historización de la enseñanza de la filosofía en
niveles educativos particulares y del proceso de profesionalización del docente de filosofía. Comprende también el
estudio de toda la documentación oficial referida a la enseñanza de la
filosofía, como los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios y los Diseños
Curriculares jurisdiccionales. Además, se incorporan análisis de recursos y
libros de texto. Asimismo, se advierte, en menor medida, la introducción de
temas de perspectiva de género y lineamientos curriculares en ese sentido.
El tercer grupo de
contenidos refiere a cómo enseñar
filosofía. Estos contenidos pueden subdividirse a su vez en tres: aquellos
referidos a la metodología práctica, principalmente al diseño de
planificaciones de cursos y clases; los orientados a metodología teórica,
especialmente los que consideran aportes de la pedagogía o de la didáctica
general; los que indagan en el sujeto de aprendizaje, fundamentalmente los
contenidos que aporta la psicología. En este grupo, se ubican los conocimientos
de intervención didáctica, el diseño de una propuesta para el aula, las
secciones y modalidades de una planificación, las actividades y secuencias
didácticas, las diversas formas y criterios de evaluación, etc.
Como hemos planteado
anteriormente, existen diferentes perfiles didáctico-filosóficos presentes en
el corpus de programas estudiados. Estos diversos perfiles pueden expresar,
según ciertas dimensiones de análisis, una mayor o menor identidad con algunas
características de las tendencias que denominamos DFcPF-R y DFcPF-I. Podemos
considerar que, cuando las propuestas se asumen con un perfil más entusiasta de
lo metodológico (empeñado en proveer herramientas concretas para la enseñanza escolar
de la filosofía), se refuerza su perfil institucionalista y prescriptivo que
desplaza, con estudiada cortesía, las cuestiones de fundamento hacia una unidad como cualquier otra dedicada a la
ingeniería curricular. Esto quiere decir que, desde esta tendencia, el carácter
de "fundamento" refiere a cuestiones importantes y tradicionales de
la didáctica de la filosofía, pero no tan determinantes respecto de la
instrumentación de la enseñanza real.
Y que el carácter de "problema filosófico" que asume la enseñanza de
la filosofía puede fusionarse con las herramientas prácticas y teóricas de la
didáctica general, especialmente de las revisiones que el campo pedagógico
realizó en el último tiempo, con posterioridad a la época en la que se
plantearon las "cuestiones de fundamento". Esto explica, en algunos
casos, una porosidad entre los contenidos de la didáctica específica, por un
lado, y los de la didáctica general o la psicología del aprendizaje, por otro.
Pero también implica un movimiento dirigido hacia la sutura de la disrupción
que inauguró el paradigma de la DFcPF. Este intento de sutura es el principal
argumento contra la hipótesis del paradigma
acontecido.
En este sentido,
podemos notar cómo la versión-restringida de la DFcPF comienza a instituir un
nuevo contrapunto. La contraparte de la tendencia escolar ha debido suplir la
vacancia de esos contenidos institucionalistas con aquellos asociados a las prácticas filosóficas transescolares. Y
como todo contrapunto, que puede ser a la vez oposición y consonancia, las
trayectorias del giro práctico suenan hoy como una fuga aún irresuelta en el
pentagrama institucional. Mientras las didácticas vinculadas al denominado
"giro práctico" de la filosofía reemplacen la lógica escolar por la
lógica productiva, se sumarán, con nuevos argumentos, a la desatención de las
cuestiones de fundamento y serán el nuevo zurcido del acontecimiento DFcPF. Por
el contrario, en la medida en que las prácticas filosóficas puedan interrumpir
el sistema de relaciones instaurado por la lógica tradicional, los contenidos
referidos a cuestiones de fundamento podrán ser recuperados y actualizados
(como sucede en algunos aspectos, por ejemplo, de la filosofía con niñxs y de
los seminarios autogestionados que abordaremos más adelante).
La dominancia autoral
Cuando se analiza el
conteo total de palabras en el corpus documental analizado, encontramos que
entre las veinte palabras significativas más empleadas se hallan tres nombres
propios: Cerletti, Obiols y Kohan. El hecho de que Cerletti sea el autor más
citado es congruente con el predominio del código DFcPF, ya que su libro
principal dedicado a la temática se titula "La enseñanza de la filosofía
como problema filosófico" (2008). Dominancia que también es coherente con
su rol institucional como profesor a cargo de la didáctica específica de la UBA
(universidad que, además de su reputación dentro de la tradición académica,
detenta, como señalamos en la introducción de este capítulo, el mayor número de
graduados del área). En este sentido, es quien más ha sabido capitalizar, en
términos de producción propia, el viraje paradigmático. No obstante, si se
desagregan los indicadores según roles en las publicaciones (autores, editores,
compiladores), la concentración autoral disminuye. Si a eso le sumamos un
análisis específico de las secciones de bibliografía principal u obligatoria,
entonces puede hallarse una mayor dispersión de autores. De este modo, podemos
diferenciar cinco grandes grupos de bibliografía:
·
Los textos
de los autores con mayor índice de citación en los documentos: Alejandro
Cerletti, Guillermo Obiols, Walter Kohan, Eduardo Rabossi, Ana Couló, Silvio
Gallo, Martha Frassineti, Vera Waksman y Laura Agratti. Este grupo está
conformado, en su mayoría, por docentes e investigadores argentinos abocados
principalmente a la práctica y al estudio de la enseñanza de la filosofía. Su
producción más prolífica se concentra entre mediados de la década de 1990 y el
año 2010;
·
Las
producciones elaboradas por los equipos de didáctica de cada institución consultada;
·
Los
aportes provenientes de las obras de los reconocidos filósofos de la
"historia de la filosofía";
·
Los
documentos oficiales referidos a la "Enseñanza de la Filosofía";
·
Las
fuentes extrafilosóficas, en especial aquellas que provienen de la pedagogía y
de la psicología del aprendizaje.
A partir de estos
datos, podemos advertir que, en la medida en que la propuesta didáctica toma
distancia del paradigma DFcPF, la dispersión de autores se incrementa y
adquieren mayor relevancia las fuentes extrafilosóficas y los documentos
oficiales. De modo análogo, cuando la propuesta bibliográfica no contiene
elementos de producción propia, tiende a incrementa el índice de convergencia
autoral, especialmente la de autores nacionales con mayor enraizamiento. La presencia
de obras de filósofos reconocidos no parece responder, al menos según lo que
puede deducirse del análisis de los programas, a un patrón relacional claro con
los demás elementos documentales.
¿Paradigma acontecido o campo aún activo?
Por muchas razones
(evidentes, explícitas o furtivas), algo aconteció en el mundo de la Enseñanza
de la Filosofía en Argentina: ya le hemos adjudicado espacio y tiempo, y
sintetizamos ese acontecimiento con la irrupción del enfoque de DFcPF, haciendo
alusión a la consideración de la "didáctica de la filosofía" como un
problema filosófico. Como toda disrupción, no solo ha generado una distancia
con el antiguo orden de cosas, sino que ha comenzado a construir un proceso
heterogéneo de afirmación creativa sobre la nominación de las novedades
producidas, sobre el alcance mismo del gesto disruptivo y sobre los movimientos
instituyentes de una nueva organización. He intentado, a lo largo de este
capítulo, identificar algunos de estos problemas a través del análisis de los
programas sobre didáctica de la filosofía. En tal sentido, esta lectura en
clave filosófica ha permitido construir algunos interrogantes.
¿Ha generado la DFcPF
un nuevo paradigma o estamos aún siendo testigos de una etapa indeterminada de
transición acontecimiental, suspendidos entre lo que fue y lo que podría no
ser? ¿Es posible que, bajo el influjo de un recambio generacional o de otros
factores institucionales, un movimiento regresivo termine por condicionar los
aspectos centrales del paradigma en cuestión, como quien reescribe las reglas
de un juego que ya había comenzado a jugarse?
¿Son los procesos de subjetivación filosófica meras dinámicas
de desarrollo individual, que deben reservarse para otro tiempo y lugar que el
"académico"? ¿La DFcPF busca intervenir en los procesos formativos
institucionales en un sentido más general, trascendiendo los espacios
destinados a la didáctica de la filosofía? ¿Es el "filosofar" lo que
debe enseñar el futuro profesor-filósofo en la escuela, pero no lo que debería
aprender el estudiante del profesorado de filosofía durante toda su trayectoria
académica? ¿Los axiomas de la DFcPF pretenden tener alcance y validez universal
para toda la comunidad filosófica o apenas se proponen para un momento
institucional transitorio, cuando el filosofar se declina en voz baja al
resguardo de las paredes del aula de la didáctica específica?
¿Cuál es la
especificidad de la DFcPF: incluye ésta a la filosofía de la educación o al
filosofar sobre educación? ¿Propone una problematización filosófica de las
formas-educativas o se conforma solo con intervenir en ciertas
formas-de-enseñanza de la filosofía? ¿Acoge la DFcPF la tesis de que la
relación-pedagógica es la
relación-política[6]
o prefiere asumir ambas como universos disociados que, simplemente, pueden
entrecruzarse? ¿Cuál es el alcance crítico respecto de la institución escolar,
en qué aspectos avanza sobre ella y en qué otros se subordina a ella? ¿Qué tipo
de coherencia pretende la DFcPF, una coherencia-autoral entre filósofos y
modalidades de enseñanza, una coherencia-teleológica entre filosofía y fines
del formato escolar, una coherencia-política entre filosofar y nuevas
formas-educativas?
Todas estas preguntas
bien podrían enunciarse de una forma más condensada y sintética: si la
filosofía comporta un riesgo, entonces, ¿qué tan permeable a la filosofía es la
propuesta de la DFcPF? ¿Cuánta filosofía soporta? ¿Asume el coraje contra el
intento de resistencia o destierro institucional? ¿Opera como una mera
modificación para la reestructuración de un viejo orden académico, o se coloca
en los intersticios que incomodan a las instituciones para perturbar un sistema
global desigualitario e injusto?
Referencia
Agratti, L. (2008). Apuntes para pensar
un giro copernicano en el enseñar a enseñar filosofía. En Grau, O. y Bonzi, P.
(editoras). Grafías filosóficas.
Problemas actuales de la Filosofía y su enseñanza. Universidad de Chile.
Cerletti, A. (2015). Didáctica
filosófica. Didáctica aleatoria de la filosofía. Educação, 40(1), 27-36.
Cerletti, A. (2008). La enseñanza de la filosofía como problema filosófico. Libros del
Zorzal.
Colella, L. (2022). Un ensayo filosófico
sobre la educación como derecho. Saberes
y Prácticas. Revista de Filosofía y educación, 7(2), 1-13, UNCuyo.
Gallo, S. (2014). Metodología de la enseñanza de la filosofía: una didáctica para la
enseñanza media. Universidad Nacional de General Sarmiento.
Obiols, G. (2008). Una introducción a la enseñanza de la filosofía. Libros del Zorzal.
Universidad Nacional de Cuyo. (2023). Programa analítico de Didáctica de la
Filosofía [Documento institucional no publicado]. Facultad de Filosofía y
Letras. Mendoza, Argentina.
Universidad Nacional de La Plata. (2022).
Programa analítico de Didáctica especial
y diseño curricular en Filosofía [Documento institucional no publicado].
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. La Plata, Argentina.
Universidad Nacional del San Juan.
(2023). Programa analítico de Didáctica
de la Filosofía [Documento institucional no publicado]. Facultad de
Filosofía, Humanidades y Artes. San Juan, Argentina.
Universidad Nacional del Sur. (2024). Programa analítico de Didáctica especial de
la Filosofía [Documento institucional no publicado]. Departamento de
Humanidades. Bahía Blanca, Argentina.
[1] En la UNSAM, la UNNE y
la UNR, estos espacios curriculares no poseen una denominación particular
referida a la filosofía, pero constatamos que, al menos en las últimas dos, el
programa refiere a temas exclusivamente vinculados con la didáctica específica
de la filosofía.
[2] Algunos programas
tienen acceso público vía Internet, otros fueron solicitados por correo
electrónico y muchos de ellos fueron cedidos por los propios docentes de las
didácticas en el marco de entrevistas personalizadas realizadas en cada
institución
[3] Con excepción del
programa de la UNIPE
[4] Puede ser el caso de la propuesta de
“didáctica aleatoria de la filosofía”, que intenta suplir las carencias
pragmáticas señaladas por la versión restringida, pero que a la vez es
presentada como una meta-didáctica porque, por su propia esencia, no puede
avanzar más sobre las condiciones reales de enseñanza que ella misma cuestiona
(cfr. Cerletti, 2015).
[5] Como hemos señalado en el caso del “método
regresivo” propuesto por Silvio Gallo (2012) o el modelo de enseñanza de la
serie Merlí que muestra cómo, al
interior del aula, el docente recurre a filósofos o teorías concretas, para
luego verificar su reapropiación por parte de los estudiantes que los
“experimentan” o los ponen en práctica fuera del contexto de clase.
[6] Para un desarrollo más profundo de esta tesis puede consultarse:
Colella (2022).

